martes, 19 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (VI)


... Pero aún no hemos llegado a los dilemas diarios, estamos todavía por los preliminares: son casi las once de la mañana. Luego, después de la copa de ginebra en el Agena y la ración de los Who y Roxy Music, o Grand Funk, o lo que cuadre después de los Who, habrá que ir decidiendo: ¿vamos a clase, vamos al “Sport”, vamos a... dónde? Toñín probablemente sugerirá una partida de ping-pong, probablemente lo sugeriré yo, probablemente así mataremos esta mañana de plomo, como todas las anteriores y las siguientes. Sí, tal vez fuese mejor ir a clase, pero tal vez deberíamos haber nacido en otro sitio, y etcétera. Puras maniobras de distracción: simplemente, a veces te ataca la conciencia, hace que te sientas culpable. Es de suponer que, si unos trabajan y otros estudian, nuestro lugar no esté definido.… 

Laughed down by the putting green, 
I popped ‘em in their ho-o-oles. 
Four and twenty labourers were labouring, digging up their go-o-old. 
I don’t believe they knew that I was Long John Silver... 

Que por cierto, ahora que caigo… ¿no es martes, hoy? Joder, casi se me pasa, seguimos esperando por “A Passion Play”, que tenía que haber llegado ya... pero en la tienda aún no saben nada, y el de Phonogram –porque hoy le toca venir al de Phonogram- sabe menos aún, qué va a saber ese: "lo prohíben, tío, como el Aqualung, seguro que lo prohíben" dice Toñín, que es un cenizo, mientras se caga en la Phonogram, en el viajante, en la Censura, en Franco y en la madre que los parió a todos. Y vamos a la tienda y claro, el de Phonogram no sabe nada. Ratoneamos un poco en la lista de novedades que trae: cuatro pijadas. En fin, por la tarde vendrá el de Movieplay, a ver si con ese hay más suerte. 

Bueno, pues ping-pong. Y luego al bar del Rorró, y una de pulpo, y Free, y ya va llegando la hora de ir a casa, a comer con papá, mamá, el hermano, el abuelo, la BBC, Radio Nacional, y salir corriendo porque a las cinco ya estamos todos los elegidos tomando el café. Y después… bueno, una hora de clase o dos a veces, y ya son las ocho y a pasear por la calle de los vinos, a ver cómo cae el día al mismo ritmo que nuestra euforia crece porque ya nos creemos animales nocturnos, y a mirarlas un rato y que nos miren, hacernos todos muy interesantes; todo lo apetecibles que nuestra pequeñez provinciana pueda conceder, ese atractivo empañado tan propio de la bisutería barata que somos ellas y nosotros. 

Por allí va Josefa… ¿qué estará maldiciendo hoy? 




12 comentarios:

  1. ¡Qué idiota era yo entonces! ¿No creía que la versión de Pimball Wizard de Elton era mejor que la de los Who?

    Pero es que es más que probable que ahora sea al menos tan tonto como entonces, sin la coartada de la falta de experiencia y del exceso de hormonas.

    Pero –pese a la siempre dolorosa juventud- eran tiempos de mucha esperanza, de cambio para bien, de rebeldía contra lo establecido; aunque fuese sólo por escuchar unas músicas ratoneras, ratoneras. Y, entre las más ratoneras, el A Passion Play.

    Saúde.

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    1. Pues no, Elton no tiene nada que hacer frente a los Who. Dicho en otras palabras: los Reyes no son los padres, son los Who. Sobre el mundo ratonero he visto que hay varios incisos, así que lo aplazamos hasta dentro de un rato.

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  2. El tono general hasta ahora recuerda al que se usa para escribir sobre la posguerra: todo es muy triste y gris, la gente va por ahí arrastrando los pies, etc. Lo cual no me cuadra mucho con 1974, que me parece una época ya muy avanzada para ese ambiente.

    Quizá es que viajamos por el tiempo a velocidades diferentes. No me hagas mucho caso.

    Bonus track: Entrevista con la bailarina.

    Saludos.

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    1. La tristeza y la grisura será más bien asunto de nuestros padres y abuelos, no nuestra; precisamente el grueso de la literatura relativa a esa época nos cansa bastante a los de mi quinta. De lo que se habla aquí es del aburrimiento, que es otro concepto (y del aburrimiento de la juventud occidental, entre muchas otras ciosas, nace el punk). En conjunto, la diferencia entre una y otra sensación es justamente de lo que van estos cortísimos capítulos.

      Muy bien lo de la bailarina, gracias por el detalle. En aquella época y en los reducidos ámbitos en los que ese apreció ese disco, tal entrevista hubiera sido un elemento más de adoración.

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  3. La música, como el cine y los libros, nos permiten ir esos sitios en los que no hemos nacido (porque algunos ni siquera existen, claro), y pasar allí momentos fantásticos, lejos de toda esa grisura y fealdad que a veces tiene la realidad.

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    1. Me ha gustado esa visión tan "blanca", tan bienintencionada, del arte, así en abstracto. Pero tú misma reconoces que la realidad es más cruel. En fin, sálvese quien pueda...

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  4. Este protagonista se empeña en no creer. ¿Es que acaso el ritual del galanteo nocturno sería más verdadero en una gran ciudad? ¿Y la familia? En todas (hasta en la mía, jaja) cuecen habas, pero esa no es la actitud. Me ha resultado triste y un poco despectivo el tono con el que el narrador comenta esa noche de vinos y "ligues".

    Y ahora una pregunta cuya respuesta intuyo, pero que, de todas formas, ahí va: ¿qué es la música ratonera?

    No me he identificado con nada en esta entrega, salvo con el gusto por Roxy Music, pero yo los conocí más tarde, en los ´80

    Besos.

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    1. No es que no quiera creer en nada, estimada Sara; probablemente será que para creer hay que nacer con el cromosoma del creyente,o algo así. De los rituales del gaalanteo, que efectivamente serán más o menos los mismos en todas partes, no llega a hablarse; se habla más bien del poco brillo de los participantes, y en eso sí podría ser que la ciudad tuviese alguna incidencia. De todos modos, no olvides que esto no es necesariamente una biografía.

      En cuanto a la música ratonera, veo que el señor Pez lo explica con todo lujo de detalles...

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  5. No sé qué es la música ratonera para el anfitrión. Mis padres –y otros de la época- se referían a la música que hacían esos asquerosos melenudos como música ratonera.

    Pero, por curiosidad he ido al DRAE, por si había algo, y sí:

    música ratonera
    1. f. coloq. música mala, o producida por malas voces o instrumentos desafinados.

    Tenían razón: donde se ponga el cuplé...

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    1. Talmente, mister Pez: la opinión paterna es la más ajustada en este caso. El DRAE trata de hilar muy fino, y su definición queda un poco desdibujada porque no incluye eso de "los asquerosos melenudos".

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  6. Que dificil era eso "hacernos todos muy interesantes", aunque a veces parecía que lo conseguíamos. Recuerdo esa sensación de esperar que traigan de una vez el puñetero disco a la tienda. Y con lo de los Who, volvemos a entendernos; otros que tal bailan. Menudos buenos momentos nos han dado. Música ratonera de la buena.

    Saludosssssssssss

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  7. Bueno, tal vez lo conseguíamos porque la competencia era depoco calibre, como nosotros. Y sí, lo de las esperas discográficas era como una tortura malaya, porque además de la espera en sí estaba la sombra ominosa de la Censura cerniéndose sobre nosotros. España era diferente, no cabe duda.

    Y aunque Jethro Tull era mi grupo favorito por entonces, los Who y tus queridos Kinks eran otra cosa; tal vez eran como la reivindicación de un modo de ser, de un estilo de vida. Y eso es probablemente más importante aún.

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