martes, 12 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (III)

 

Gracias a esta clarividencia descarnada parece que nos adaptamos a lo real con mayor elasticidad que nuestros predecesores, y ya sabemos cabrear al hermano mayor, al más próximo, señalando con el dedo a su querido Carlitos Marx agarrado del brazo de Groucho, Chico y Harpo (ese dibujo, publicado en la única revista posible, anda por las paredes de cuarenta sitios). Porque... aún no, hermano mayor, aún no lo entiendo del todo. Pero sé que no te gusta la burla: tú eres un idólatra, como el abuelo; y oye, puede que yo también lo acabe siendo, pero no es lo mismo. Tú, hermano mayor, ya eres como ellos, ya eres de sacristías, ya no sabes llevar una broma; y yo ya sé detestar la farfolla de muchas figuras vuestras, de vuestros mesías, no tan distintos de los que odiáis. Nunca entenderé esa parálisis gestual que os entra cuando son nombrados, cuando alguno de vuestros chamanes invoca nombre sagrado con una seriedad de cojones, la misma que usan “los otros” con los suyos. 

Y bueno, reconozco que os queda muy bien ese aura cosmética de catacumba cristiana que os gastáis, tan a juego con la ciudad, cuchicheando entre vosotros por las calles o en los bares que se muere, coño, que le queda poco, mirando a todas partes por si algún chivato. Ah, y un amigo vuestro o dos ya están fichados, fíjate tú, me lo dices, me lo cuentas, me lo anuncias, me lo proclamas con esa sucia suficiencia de iniciado, y no tienes ni puta idea de quiénes son Jethro Tull. 

Walked down by the bathing pond to try and catch some su-u-un 
Saw at least a hundred schoolgirls sobbing into handkerchiefs as o-o-ne 
I don’t believe they knew I was a schoolboy 

Papá y mamá ya tiemblan ante la perspectiva que se les presenta dentro de unos meses, en cuanto escapes a Santiago, a la Universidad, con el peligro que dicen ellos que tienes. También dicen que mucha culpa es del abuelo, que te ha estado calentando la cabeza desde niño con la República, Largo Caballero (por lo vistoso del nombre, supongo), Lenin, Stalin, Trotsky... y por qué la mitad de los perros de nuestra España –bueno, nuestra o de Franco- se llaman Trotsky sin que les pase nada a sus dueños... Pero algo tendrá que ver papá con su afición por la onda corta, aunque no tenga la culpa, aunque yo también se lo agradezca sin decir nada: moderado, equidistante, se cita con todas esas galaxias tan lejanas entre sí como la idílica Radio Andorra y la incendiaria Pirenaica, o las dolidas verificaciones de Radio París o la BBC (recuerdo, de muy pequeño, que esos nombres y sus contenidos, anunciados en sánscrito, no me habrían parecido más absurdos que en el aseado español que usaban). Es cierto que en ninguna se demora mucho, anda siempre a la caza de versiones distintas sobre cualquier noticia omitida o deformada en la onda media por la falaz propaganda de las emisoras nacionales, que a las horas del Parte son una sola en todos los sentidos. Pero ya digo, te alienta -os alienta- sin quererlo, aunque de la Pirenaica salte rápidamente a la BBC cuando sabe que va a sonar la Internacional, ante el sordo cabreo del abuelo y su nieto preferido: debe de ser una pieza diabólica, me sonrío yo, que no he llegado a oír más de unos cuantos compases aún… 




10 comentarios:

  1. Me sonrío sin poderlo remediar al leer la tercera entrega del cuento. Si no fuera porque sé que detrás del protagonista hay un círculo de amigos con los que comparte intereses, diría que es un individualista, y que encaja malamente en cualquiera de las dos seculares "españas" en las que viene dividiéndose nuestro país. Quién sabe, a lo mejor tenías razón cuando decías que éste no era tu sitio.

    Besos.

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    1. Hola, Sara. No veo yo que el personaje tenga que ser individualista: una cosa es que no encaje en ninguna de las dos Españas "que ha de helarte el corazón", como decía don Antoio Machado, y otra es que no encaje en la sociedad; una sociedad en la que hay muchos españolitos que pasamos de las dos Españas. Tal vez las fantasías mediáticas nos estén engañando y al final resulte que la mayor parte de los españoles pasan ampliamente de "las dos Españas". Eso sería maravilloso.

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  2. En ciudades como Lugo algunos cambiaron la doctrina católica por la revolucionaria. Aunque este pensamiento es cínico e injusto: la postura de los primeros era cómoda y sin riesgo.

    Una vía intermedia, que no excluía cierto acivismo, era la adoración por la música ratonera.

    Saúde.

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    1. Sí,hay una buena parte de seres que necesitan una religión para sentirse abrigados. Y esa religión puede ser de tipo divino o de tipo laico. Pero religiones son ambas, y al final yo no veo muchas diferencias entre unas y otras. Otra cosa es la persecución que los creyentes sufren por parte del poder temporal: en Roma eran los cristianos, en la España de Franco eran los izquierdistas. Mientras esas creencias están perseguidas resultan innovadoras, benéficas incluso; cuando alcanzan el respeto buscan el poder, y finalmente... ya sabes en qué acaban.

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  3. Llego tarde gracias a los desmanes de la informática y me encuentro con tres capítulos sobre tiempos lejanos a través de una mirada particular. Tengo una cierta visión alejada de aquel Lugo singular por el que pasaba a veces rumbo a Terra Cha, patria de mis ancestros. Me parecía por entonces ciertamente atrincherada en un espacio excesivamente ruralizado, para lo malo y para lo bueno, sobreviviendo a la tradición y conectada al mundo no sé si por Onda Corta, Onda Media o Frecuencia Modulada.
    Conocí una visión más urbanita de esta urbe justamente en Santiago, lugar de encuentro preferencial de las juventudes del país en pisos de estudiantes. Me puse al día sobre la vanguardia lucense, sus mitos, sus yonkis y sus leyendas, sus legendarias hippies -fíjese en el femenino- y sus garitos imposibles. Todo de palabra que es preferible forma de acercarse a las cosas para no caer en la simpleza de la pura observación personal.
    Interesante relato con punto suspensivos.

    Saludos

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    1. Bueno, este tipo de historia valdría igual para los jóvenes que residiesen en Teruel o en Jaén, por decir dos ciudades a voleo: el meollo es la época, y por lo tanto la mentalidad. La onda corta es un elemento fundamental en la España de entonces, por su potencia (imagínate la función social que cumpe lnternet en lasdictaduras actuales).

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  4. Venía a ver la segunda entrega y resulta que ya hay tres!
    Me ha gustado eso delos ídolos sagrados, que son criticados o ensalzados por las mismas razones por los de un pensamiento y otro.
    Supongo que siempre ha sido así y así me parece que sigue siendo. Porque entre los extremos no suele haber muchas diferencias, sino que todo es cuestión de perspectiva, me parece a mí.

    Y con todo esto me has hecho pensar en un libro que leí el año pasado y que creo te gustaría: La casa de los veinte mil libros, de Sasha Abramsky.

    Un saludo.

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  5. Es lo malo/bueno de los ídolos de masas, estimada Ängeles: son una cosa u otra dependiendo de en qué bando estás. Y por supuesto, siempre han sido así y seguirán siéndolo.

    No he leido ese libro, pero la sinopsis ya me está encantando: un coleccionista que estructura la casa en función de los libros que atesora ya es una personaje que forzosamente me tiene que caer bien...

    Saludos mil...

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  6. Hay muchas coincidencias generales aunque ocurran en otras latitudes. A nosotros nos pilló en el Barrio de Malasaña, y con unos años de diferencia. Pero la banda sonora, con Jethro Tull a la cabeza, no nos la quita nadie. Menuda transación musical, y de la otra, de los años 60 a los 70. Pero lo curioso de esta historia (cuento) son los matices personales tan bien descritos. La vida misma.

    Saludosssssssssss

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  7. Hola, Bab. Dejando aparte unas músicas u otras, supongo que la infancia/adolescencia/juventud de la mayoría de los que andamos por el grupo de blogs ratoneros tenemos antecedentes parecidos, así que incluso los matices personales deben de ser de estilos parecidos. Fue una épooca muy marcada, no tan dispersa como la actual.

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