sábado, 23 de diciembre de 2017

Cerrado por vacaciones



Apreciados parroquianos: 

Bien sabéis que en este lugar se respetan las tradiciones más arraigadas de nuestro acervo cristiano; y de entre ellas, las navidades son sin duda un hito esencial. Es por ello que he decidido tomarme unas vacaciones para así honrar como se merecen los fastos que se aproximan. 

Por lo tanto, os deseo que disfrutéis de estas fiestas tan entrañables sin caer en la vulgaridad de los excesos etílicos o cualquier otra ordinariez propia de las clases bajas. Feliz 2018 y que los hados (cristianos, por supuesto) os sean propicios. 

Ah, que me olvidaba: en el bar de Rick también hacen fiesta. Si queréis echar un vistazo podéis pinchar aquí, pero bajo vuestra responsabilidad. Vosotros veréis.

Besos. 

 

viernes, 22 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (Fin, por fin)

 

No es fatalismo, no: es realismo. De eso vamos aprendiendo bastante, como ya dije antes. Hay tardes en las que salimos por la puerta de San Fernando, al norte, donde arranca la Avenida de La Coruña, otra zona en la que es de agradecer la intendencia que ofrecen dos o tres bares cercanos y que agradecemos profusamente: muchas gracias. Y hay noches en que la luna se instala por un rato sobre el arco de la Muralla: como una reina, la Señora Luna tamaño moneda de diez duros, bombilla blanca con manchitas de polvo, será por el uso. Unos veinte metros sobre la puerta de San Fernando, parece una escena hindú de esas, y mira que les tengo manía; pero a veces hay suerte y anda la niebla por el medio, ese es el punto, y nos quedamos gilipollas mirándola un buen rato hasta que la gente nos mira a nosotros, no señora, no, tranquila, no estamos drogadictos, qué va, ya nos gustaría: es que somos de Letras, sabe usted (¿ha dicho “drogadictos" o “drogaditos”?). Y la luna ya se va echando a un lado, como despidiéndose sin alharacas –menuda palabra, alharacas-, como no queriendo molestar. Pues muy buenas noches tenga Su Excelencia. 

Y ya toca volver a casa. Cada mochuelo a su olivo, como dice Ginés. Y ceno y se supone que me toca estudiar un rato antes de ir a dormir, se supone que preparo los trabajos que se supone que tengo para las asignaturas de mañana, o se supone que para algún examen que se supone próximo. Pero al final hago lo de siempre: también se supone que me gusta más estudiar en la cocina, con esa luz tan clara, con la nevera a mano... con la radio a mano. Y pongo la onda corta, y pillo la RTL, y aunque no entienda lo que dicen sí entiendo de qué van, y eso de Iggy y los Stooges lo he pillado, y eso de Uriah Heep también, y eso... pero ¡ah, son las doce, toca Radio Centro de Madrid, Vicente Romero! Y luego, ahora, a esta hora, pasada la una de la mañana, aún no puedo dormir porque acabo de tener un encuentro sobrenatural, porque Romero ha puesto la cara A del “A Passion Play” y he visto a Dios. Y ya nos avisa de que en España de momento lo van a censurar o algo, pero he visto a Dios, a todos los sinónimos de Dios, que no sé cuántos serán... y ahora que ya me he secado las lágrimas intentaré dormir pensando que debería haber un diccionario de sinónimos confeccionado por los poetas... 

Saw Johnny Scarecrow make his rou-ou-unds 
In his jet-black ‘mac (which he won’t give back) 
-stole it from a snowman.

Y claro, si me duermo será con mi novia mecánica al lado, el cassette Philips de cinco mil pesetas, oyendo de nuevo a Mamá Oca una y otra vez. Y sospecho que soñaré que mañana encontrarán a la pobre Josefa muerta, sentada en un banco del parque mientras a su alrededor las flores florecen como la locura en primavera, que dice El Otro. Y tal vez ande Mamá Oca por allí, velándola entre la bruma, y Mary la Bizca, y… 




 

martes, 19 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (VI)


... Pero aún no hemos llegado a los dilemas diarios, estamos todavía por los preliminares: son casi las once de la mañana. Luego, después de la copa de ginebra en el Agena y la ración de los Who y Roxy Music, o Grand Funk, o lo que cuadre después de los Who, habrá que ir decidiendo: ¿vamos a clase, vamos al “Sport”, vamos a... dónde? Toñín probablemente sugerirá una partida de ping-pong, probablemente lo sugeriré yo, probablemente así mataremos esta mañana de plomo, como todas las anteriores y las siguientes. Sí, tal vez fuese mejor ir a clase, pero tal vez deberíamos haber nacido en otro sitio, y etcétera. Puras maniobras de distracción: simplemente, a veces te ataca la conciencia, hace que te sientas culpable. Es de suponer que, si unos trabajan y otros estudian, nuestro lugar no esté definido.… 

Laughed down by the putting green, 
I popped ‘em in their ho-o-oles. 
Four and twenty labourers were labouring, digging up their go-o-old. 
I don’t believe they knew that I was Long John Silver... 

Que por cierto, ahora que caigo… ¿no es martes, hoy? Joder, casi se me pasa, seguimos esperando por “A Passion Play”, que tenía que haber llegado ya... pero en la tienda aún no saben nada, y el de Phonogram –porque hoy le toca venir al de Phonogram- sabe menos aún, qué va a saber ese: "lo prohíben, tío, como el Aqualung, seguro que lo prohíben" dice Toñín, que es un cenizo, mientras se caga en la Phonogram, en el viajante, en la Censura, en Franco y en la madre que los parió a todos. Y vamos a la tienda y claro, el de Phonogram no sabe nada. Ratoneamos un poco en la lista de novedades que trae: cuatro pijadas. En fin, por la tarde vendrá el de Movieplay, a ver si con ese hay más suerte. 

Bueno, pues ping-pong. Y luego al bar del Rorró, y una de pulpo, y Free, y ya va llegando la hora de ir a casa, a comer con papá, mamá, el hermano, el abuelo, la BBC, Radio Nacional, y salir corriendo porque a las cinco ya estamos todos los elegidos tomando el café. Y después… bueno, una hora de clase o dos a veces, y ya son las ocho y a pasear por la calle de los vinos, a ver cómo cae el día al mismo ritmo que nuestra euforia crece porque ya nos creemos animales nocturnos, y a mirarlas un rato y que nos miren, hacernos todos muy interesantes; todo lo apetecibles que nuestra pequeñez provinciana pueda conceder, ese atractivo empañado tan propio de la bisutería barata que somos ellas y nosotros. 

Por allí va Josefa… ¿qué estará maldiciendo hoy? 




domingo, 17 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (V)
 


“En la guerra pierden todos”... Bueno, "hasta que te haces mayor y comprendes que siempre hay alguien que gana algo, porque de lo contrario no habría guerras", según dice mi padre. Pero recuerdo que aquella noche, como unas cuantas ya que llevaba, yo estaba rendido pero confortado: días antes había oído en la onda media a los Beatles por primera vez -hijos de otra guerra, eso lo supe luego-, y en aquel trance mi conciencia, de repente, se había ido de casa, de la ciudad, del país, del mundo... Y al menos, -pensé, queriendo justificarme, supongo- ahora hay comida suficiente, la gente ya no se vuelve loca por culpa del hambre, ya no fusilan a nadie contra la tapia del cementerio… Deduje que ya podía idolatrar el sonido de aquellos Beatles o de quien fuese sin sentir un excesivo remordimiento por mi frivolidad, por los pesares de todos los que hubiesen vivido aquel horror. 

Then the chicken-fancier came to pla-ay-ay 
with his long red beard and his sister’s weird: 
she drives a lorry...

Así que el hermano de Antonio ha leído la cosa esa de JB. Su hermano mayor. Otro que tal. 

No nos conviene hacernos mayores; no de momento, o no aquí. Es lo único que puede sacarse en limpio del discurso farfullado de don Armando, el abuelo de Basilio. Llevan el “Sport” desde que murió el padre y Basilio tuvo que plantar los estudios para no cerrarlo, no hace mucho. De su madre nunca supimos nada: Basilio y el abuelo son toda la familia. El “Sport” es su casa y una de las nuestras: si no fuese por ese tonto embeleso de ver juntos seis futbolines, tres mesas de billar y otras tres de ping-pong, la máquina de discos con su sonido atronador... si no fuese por todo eso, tal vez no deberíamos frecuentarlo tanto (y nuestra rutina ya se compone de demasiados “no deberíamos”: nunca llegaremos a nada). Pero bueno, también venimos por ver a Basilio, y por oír un rato a su abuelo. De su padre ya casi no recordamos ni la figura: era un ser anodino, sin carácter ni hazañas dignas de ser recordadas… Un cáncer, creo. Fumaba como un descosido. 

El caso es que Basilio, con la misma edad que nosotros, ya es quien manda en el “Sport”. Casi todo el día está allí, controlando: él controla y el abuelo lleva las cuentas. A veces sale un rato y nos invita a algo, porque dinero siempre tiene. No habla mucho. Nunca habló mucho, siempre anduvo a su aire, desde pequeño. Cuando iba al colegio solía llegar medio dormido y con los deberes sin hacer. Nunca supimos mucho de él, ni él quiso que supiésemos. Pero eso sí, la máquina de discos del “Sport” va a medias, ya se deja recomendar por nosotros: el “Spirit in the sky” es cosa nuestra. 




viernes, 15 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (IV)

 

… Pero me sonrío hacia adentro, para que no se den cuenta el abuelo y el hermano mayor, que probablemente me reñirían por no mostrar el respeto debido a la sacrosanta institución que ellos adoran; por no respetar nada, por ser un descreído. Señoras decimonónicas con barba… 

And a bearded lady said to me-e-e
If you start your raving, and your misbehaving, 
you’ll be sorry 

La verdad es que a mí me miran, si es que me miran, como a un peso muerto. Mi hermano me lleva dos años, pero parece que fueran veinte; él se llama Alejandro, yo José Luis; él ya tiene barba, yo patillas de pelusa; él sabe historia y teoría, yo sólo conozco nombres. El abuelo lo intentó también conmigo, hace algún tiempo, hasta que papá tomó cartas en el asunto y le paró los pies: para iluminados, en esta familia nos llega contigo y con Alejandro; así que deja a José Luis tranquilo, que ya nos tiene contentos con lo que estudia para que encima vengas tú y lo atontes más aún. Mamá había echado una mirada afirmativa hacia papá y otra de blanda conmiseración hacia mí antes de levantarse a cambiar los platos y traer la fruta. Y la verdad es que me hicieron un favor: no sabía cómo explicarle al abuelo que lo sentía mucho pero que lo mío era la música eléctrica, la música extranjera, y que lo suyo seguramente estaba muy bien pero que yo no daba para tanto. Pobre viejo. Un día acabé por decírselo, y desde entonces pensó de mí lo mismo que yo de él: que no estaba en este mundo. 

¿Veinticinco años de paz..? ¡Veinticinco años de mierda! 

Mi padre callaba siempre que podía, según su estimación sobre la gravedad de la chifladura que el abuelo hubiese proferido. Aquella noche había callado. Yo era muy niño, pero lo recuerdo vivamente: Radio Nacional de España anunciaba para el día siguiente las bodas de plata de una paz sin valor alguno para nadie, salvo para los vencedores de una guerra al parecer inconclusa, mientras mi hermano y yo apurábamos la taza interminable de leche y cacao antes de irnos a la cama. Pero ya llevaban unos días dando la matraca con el asunto, e incluso había carteles por las calles, y anuncios en los autobuses, y… yo aún no tenía edad para entender que una cosa es la paz y otra muy distinta la victoria. 

- ¿Ya hace veinticinco años de la guerra, mamá? 
- Sí. Pero eso no es cosa vuestra. Dormíos pronto, venga. 
- ¿Y por qué está enfadado el abuelo? 
- El abuelo ya sabéis que es un poco raro y tiene sus cosas. Ya se le pasará. 
- El abuelo es de los que perdieron, ¿verdad? 
- En las guerras pierden todos, Alejandro. Venga, a dormir. 




martes, 12 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (III)

 

Gracias a esta clarividencia descarnada parece que nos adaptamos a lo real con mayor elasticidad que nuestros predecesores, y ya sabemos cabrear al hermano mayor, al más próximo, señalando con el dedo a su querido Carlitos Marx agarrado del brazo de Groucho, Chico y Harpo (ese dibujo, publicado en la única revista posible, anda por las paredes de cuarenta sitios). Porque... aún no, hermano mayor, aún no lo entiendo del todo. Pero sé que no te gusta la burla: tú eres un idólatra, como el abuelo; y oye, puede que yo también lo acabe siendo, pero no es lo mismo. Tú, hermano mayor, ya eres como ellos, ya eres de sacristías, ya no sabes llevar una broma; y yo ya sé detestar la farfolla de muchas figuras vuestras, de vuestros mesías, no tan distintos de los que odiáis. Nunca entenderé esa parálisis gestual que os entra cuando son nombrados, cuando alguno de vuestros chamanes invoca nombre sagrado con una seriedad de cojones, la misma que usan “los otros” con los suyos. 

Y bueno, reconozco que os queda muy bien ese aura cosmética de catacumba cristiana que os gastáis, tan a juego con la ciudad, cuchicheando entre vosotros por las calles o en los bares que se muere, coño, que le queda poco, mirando a todas partes por si algún chivato. Ah, y un amigo vuestro o dos ya están fichados, fíjate tú, me lo dices, me lo cuentas, me lo anuncias, me lo proclamas con esa sucia suficiencia de iniciado, y no tienes ni puta idea de quiénes son Jethro Tull. 

Walked down by the bathing pond to try and catch some su-u-un 
Saw at least a hundred schoolgirls sobbing into handkerchiefs as o-o-ne 
I don’t believe they knew I was a schoolboy 

Papá y mamá ya tiemblan ante la perspectiva que se les presenta dentro de unos meses, en cuanto escapes a Santiago, a la Universidad, con el peligro que dicen ellos que tienes. También dicen que mucha culpa es del abuelo, que te ha estado calentando la cabeza desde niño con la República, Largo Caballero (por lo vistoso del nombre, supongo), Lenin, Stalin, Trotsky... y por qué la mitad de los perros de nuestra España –bueno, nuestra o de Franco- se llaman Trotsky sin que les pase nada a sus dueños... Pero algo tendrá que ver papá con su afición por la onda corta, aunque no tenga la culpa, aunque yo también se lo agradezca sin decir nada: moderado, equidistante, se cita con todas esas galaxias tan lejanas entre sí como la idílica Radio Andorra y la incendiaria Pirenaica, o las dolidas verificaciones de Radio París o la BBC (recuerdo, de muy pequeño, que esos nombres y sus contenidos, anunciados en sánscrito, no me habrían parecido más absurdos que en el aseado español que usaban). Es cierto que en ninguna se demora mucho, anda siempre a la caza de versiones distintas sobre cualquier noticia omitida o deformada en la onda media por la falaz propaganda de las emisoras nacionales, que a las horas del Parte son una sola en todos los sentidos. Pero ya digo, te alienta -os alienta- sin quererlo, aunque de la Pirenaica salte rápidamente a la BBC cuando sabe que va a sonar la Internacional, ante el sordo cabreo del abuelo y su nieto preferido: debe de ser una pieza diabólica, me sonrío yo, que no he llegado a oír más de unos cuantos compases aún… 




domingo, 10 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (II)

 

… Y cuando llega la noche yo tengo mi particular osito de peluche a la hora de dormir, cada uno tiene el suyo. “Cada” es una palabra sombría, pero a veces necesaria: cada uno en su casa y Dios en la de todos, como dicen los viejos. 

As I did walk by Hampstead Fair-ir-ir 
I came upon Mother Goose, so I turned her loose 
She was screaming...

Todas las noches apago la luz después de colocar mi cassette Philips de cinco mil pesetas bajo la almohada para amortiguar el ruido del motor, que a esa hora casi siempre se sobrepone al volumen necesariamente bajo (no he de incomodar el sueño de mi eximio hermano) con el que escucho la misma cinta desde hace días, desde que Ginés me la pasó en plan victorioso, en plan “esto no lo publican aquí en la puta vida, chaval”. Creo que estuve oyendo la misma canción seis o siete veces hasta que me dormí: me prendió Mamá Oca, que camina envuelta en la misma bruma que trae al Mendigo, a Mary la Bizca, la Vuelta del Día Barato, esa bruma que entra por el mirador del parque, esa bruma, ansia de bruma, de no saber dónde. ¿Es lo mismo bruma que niebla? Paseando por esa duda supongo que me quedé dormido. 

And a foreign student said to me-e-e, 
Was it really true, there are elephants’n’lions too 
in Picadilly Circus? 

 “Aunque aparezca en los mapas, esta ciudad levita”. No es mal saludo, teniendo en cuenta que son las nueve y cuarto de la mañana, que no lo entiendo y que Senén surge a traición, nada más sentarme, trayendo la copa de ginebra, el desayuno habitual de Toñín y mío por semana: siempre nos mira mal, entre desaprobador y cómplice. Porque si otros tienen estufa de leña, calor de hogar, nosotros más; y en el Agena puedes fingir que vives de noche como otros viven de día: prodigios de los claroscuros, de la iluminación tradicional, y tal. Toñín ha oído lo de la levitación a su hermano, que está leyendo un libro titulado “La huída de JB”, o algo así. “JB es un whisky”, documento yo, y luego doy un trago a mi ginebra. En algún momento de la conversación, como siempre y sea cual sea el tipo de conversación, tanto él como yo quedamos absortos, con la vista fija en la máquina de discos: quizá entre “5:15” y “Water”, o puede que andemos por “Virginia plain”. Y bueno, reconoceremos que hay momentos de remordimiento, de culpa: deberíamos estar ahora en clase, deberíamos haber desayunado correctamente, deberíamos… Pero nosotros, nosotros dos, nosotros cuatro, nosotros diez, también, estamos seguros, deberíamos haber nacido en otro sitio, y nos jodemos. Pues ya está. Venga esa copa. 





viernes, 8 de diciembre de 2017

Inciso: Cuento de Navidad

Lugo '74 revisited (I)

 


Seremos adultos no sabemos cuándo, aunque algunos ya estamos deseando no llegar a serlo nunca -el cachorro mira asustado a su alrededor cuando despierta y su madre no ha vuelto aún de la caza- porque tememos que no sabremos valernos. Y mientras ese momento no nos llegue vivimos entre hálitos de piedra techados por la Gran Nube Gris Perla, adquirimos la noción de lo sombrío de modo inconsciente pero lento y riguroso... y materias de estudio son la salvaje risa desdentada de la anciana Josefa -esa gran rodaja de halitosis, esa loca escupiendo al cielo- o los cálidos gestos que aún hoy prodiga el intemporal don Jaime -El Conquistador por mal nombre- cuando está en compañía de algún jovencito distraído que se deja: se le ve con frecuencia en las cafeterías de la Plaza de España, suponemos que retirado de hazañas mayores; antes frecuentaba los billares, y según dicen antes el Casino, y antes de eso su camisa azul y su mirada en los luceros, a saber cuáles. 

Hay un pasar sobre nosotros, sobre nuestra existencia, como de puntillas: los abuelos hablan en bajo de aquella heroica lucha perdida; los padres callan, trabajan y olvidan; los hermanos mayores leen mucho, se dejan barba y sueñan con un futuro paraíso igualitario… y nosotros no somos nada. Bueno, algunos disfrutamos, viajamos escuchando devotamente “My generation” de los Who con casi diez años de retraso: saber que en algún punto de La Isla existe el colegio Charterhouse, o un letrero que indica Hatfield and the North, o ese extraño género, las/los “el-ou-el-ei-Looolas”, hubiese sido demoledor dos o tres años antes, o lo será con toda seguridad en breve; pero el tamaño de nuestra autoestima va decreciendo a buena marcha y ya podemos asumirlo sin reparos, como gallegos de pura cepa, como algo natural, como es natural que caiga la noche a su hora. Es lo bueno de la adolescencia en un sitio así, que todo revés con el que te obsequia la realidad lo aceptas sin aspavientos ni contrariedades. 

En este tipo de conocimientos, tan hirientes como gozosos (algo así debe de ser el sexo, según dicen), algunos vamos a toda marcha: Toñín, Quique, yo y algunos más ya andamos a nivel Family, Gong, Spooky Tooth… y esas cosas, quieras que no, marcan distancias. Ya nos sentimos razonablemente raros, ya nos vamos acercando a la exquisitez, ya comenzamos a dudar del tótem Disco Express salvo todo lo que diga Manrique, a pesar de aquello. Y mientras esperamos a que llegue el momento que dije antes, cada nuevo día que salimos a la calle jugamos alegremente a las cartas con las posibilidades de juego que te ofrece la rutina quinceañera local: saldrá el sol o seguirá lloviendo, iremos a clase o no, este bar o aquel otro, pagas tú o pago yo, nos cogeremos un buen pedo o será solo a medias...




martes, 5 de diciembre de 2017